En EE UU, llegar a viejo es un verdadero problema Chicago

Miércoles, 17 Septiembre   

Desde mucho antes de posesionarse de la Casa Blanca —más exactamente, durante su cruzada electoral por el Partido Republicano—, el presidente George W. Bush hizo campaña en torno a algunos de los principales problemas de política nacional que su administración impulsaría cuando tomase las riendas del poder.

Cuando ofertó sus medidas económicas, W. habló acerca de la inseguridad que sienten millones de estadounidenses en la actualidad, y de que “los tiempos en que vivimos y trabajamos están cambiando drásticamente… pues el código impositivo, el seguro médico, las pensiones, la capacitación de trabajadores: todo esto se creó para el mundo de ayer, no el de mañana”.

Habló acerca de la idea de una sociedad de propietarios “donde la gente sería recompensada por su trabajo al ser propietarios —tener ahorros, inversiones y propiedades—, como medidas de protección frente a la incertidumbre económica para no caer así en una sociedad de beneficencia”.

Bush detalló esta propuesta hace pocos años en uno de sus discursos, basándose en la generación del baby boom —la nacida durante las dos décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial—, “que se acerca a la jubilación, y muchos de nuestro hijos y nietos se preocupan, y con razón, de si habrá Seguro Social cuando lo necesiten… por lo que debemos reforzarlo, permitiendo que los trabajadores jóvenes ahorren parte de sus impuestos en una cuenta personal o de reserva de ahorros que pueda llamarse propia y que el Gobierno nunca les pueda quitar”.

¿Qué ha sucedido? Realmente las propuestas de cuentas individuales de jubilación y de salud forman parte de los preparativos para una renovada ofensiva —tanto de republicanos como de demócratas— contra el seguro social, el Medicare y otras conquistas sociales del pueblo norteamericano.

La actual “reforma” del seguro social —que pretende verdaderamente socavar su carácter como derecho social de todos—, se hace bajo el pretexto de que en las próximas décadas el número creciente de trabajadores jubilados llevará al sistema del Seguro Social a la quiebra.